La mejor manera que existe de pasar una mañana de fin de semana no es otra que jugar una partida de golf. Eso es algo que aprendí hace ya cuatro años, justo el día que obtuve, aunque reconozco que de manera precipitada, el tan ansiado hándicap, billete obligado para poder pisar un campo de golf.
Es por ello que no resulta difícil apreciar, en nuestro Club, las distintas partidas que, cada mañana, se celebran de manera organizada y privada, ajenas a la competición, en las que está en juego algo más que la caña del famoso hoyo 19. Son partidas que se disputan entre varios integrantes que se conocen muy bien entre ellos, todos dentro de un grupo más o menos homogéneo, cambiando en ocasiones de modalidad de competición cada cierto tiempo, e incluso ajustando el hándicap de forma totalmente interna, si fuera necesario, con el único fin de ir igualando, para próximos compromisos, las distintas habilidades entre sus participantes. Al final, una buena comida recuerda los errores y los aciertos cometidos, y se organiza un nuevo paquete de partidas, que habrá de comenzar el siguiente fin de semana entre los mismos jugadores.
Pero, ¿qué sucedería si esas pequeñas y simpáticas competiciones fueran celebradas entre componentes de varios grupos entre sí? ¿Podríamos organizarnos todos un poco y diseñar un sistema sencillo de competición que fuera capaz de juntar varios equipos y jugar unos contra otros? De esta forma, los integrantes de cada uno de ellos ya no compiten entre sí, sino que lo hacen contra aquéllos de otros equipos, con el único objetivo de sumar todos los puntos que sean posibles para que el colectivo salga vencedor.
Además, tendríamos como objetivo fundamental, el ajuste de nuestro propio hándicap. Éste se haría de forma totalmente OFICIAL; se obtendría a través de los resultados obtenidos en cada partida, con la entrega de las tarjetas firmadas por los jugadores y sus respectivos marcadores, que se enviarían a la RFEG al término de cada sesión. Estaríamos cerca de llegar a la estricta práctica británica (todas las tarjetas entregadas, torneos o no, bajan hándicap), siendo una estupenda oportunidad de plasmar ese índice a los méritos reales de cada uno ¿no creéis?
Yo creo que merece la pena intentarlo, esperando que al final pueda salir un sistema de competición, interno, simpático, que se pueda ajustar en todo momento a las necesidades y exigencias del Club, y no olvidando nunca las directrices del espíritu del Golf, que no son otras que las siguientes:
1.- El golf se juega, la mayor parte de las veces, sin la supervisión de un árbitro o de un juez. El golf se basa en la integridad del individuo para mostrar respeto a los demás jugadores y en respetar las Reglas.
2.- Todos los jugadores deberían comportarse disciplinadamente, demostrando cortesía y deportividad en todo momento, independientemente de lo competitivos que puedan ser. Este es el espíritu del juego del golf.
Ignacio Antonio Vega Arija
Vocal del Comité de Competición C. D. Golf Sotoverde